La Palabra Rocío guarda muchos significados, según la vida que cada peregrino, cada hermano, haya vivido junto a ella. Las experiencias y sentimientos que cada uno de nosotros guardamos del Rocío son únicos, y en este lugar, tenemos la oportunidad de compartirlas con todo el mundo.

Para animaros a todos a que escribáis unas letras, me gustaría compartir mis motivaciones e ilusiones sobre la Blanca Paloma, como primera piedra de un gran libro que podemos redactar entre quienes formamos parte de esta Hermandad.

La Virgen es para mí un pilar de vida. Me despierto dando gracias por tener este referente en mi camino y le pido que me proteja a mí y a mi familia y amigos. Creo que ella tiene una cara distinta cada vez que la miro, cada vez que me dirijo a ella en las distintas representaciones que tengo en mi casa. A ella encomiendo mis decisiones, con ella me enfado cuando me frustro y de ella, bebo la fe que me empuja a ser un buen padre, marido, hijo, hermano, profesional y amigo.

Mis caminos, muy poquitos, han sido muy intensos. El primero lo hice en 2.005 con gente a la que hoy considero más que amigos y, aunque conocía el Rocío desde siempre, nunca podré explicar con palabras lo que sentí al caminar con las mismas botas que hoy sigo usando, con mi camisa y mis vaqueros, pues no soy de traje y sombrero (no me gusta cómo me sientan…). Mi medalla me la regaló mi suegro, cuando supo que nunca más volvería a hacer caminos; después el destino nos regaló un Rocío en la Casa de Hermandad, en familia, en el que se la devolví por unos días, mientras yo llevaba la que mi mejor amigo, me regaló antes de irse a las marismas eternas.

Soy de recogimiento, de “arranchar” y organizar, de saber “donde está to”, de silencio cuando toca, de pocas aglomeraciones. Soy de cantar mucho: siempre tengo una sevillana rociera en mi cabeza, esté donde esté. Mientras viajo por toda España, mientras trabajo… siempre. Desde que nací, mi madre ha cantado en casa y era inevitable que heredara el gusto por este cante tan típico del Rocío.

Mi experiencia más íntima, que suelo contar a quienes no conocen el Rocío, data del regreso de aquel, mi primer camino del Rocío, con mi Hermandad de Punta Umbría y la peña “Schatepayá” (recuerdo una frase de mi amigo Rodrigo, apenas habíamos pasado el repetidor el día de la salida cuando empecé a cantar con él: “tú no faltas más un año al Rocío“). En esa época, estaba terminando mi carrera y buscaba trabajo, para dejar de depender de mis padres y pensar en tener un futuro con la que hoy es mi mujer. Al pasar por las fábricas de Palos, por la Refinería, me sobrevino un pensamiento, sobre trabajar allí, en cualquier rincón, así fuera de ayudante del ayudante del ayudante… Me fijé en una de las chimeneas de hormigón más grandes y en ese lugar, abandoné mis pensamientos para seguir de regreso en aquel primer camino rociero.

Después de varias semanas, en las que continué buscando un lugar en el que empezar a trabajar, se unieron varias circunstancias que hicieron que una empresa me contratara para trabajar… ¿dónde?.. en la refinería… justo en una instalación que hay junto a aquella gran chimenea. Allí, construí mi profesión actual, desde mi puesto de ayudante del ayudante, en el que me dieron un rotulador para marcar piezas metálicas 10 horas al día durante algunos meses. No recuerdo haber trabajado antes o después con tanta ilusión como en aquel lugar, con aquella gente, que hoy en día son amigos de corazón y que recuerdo con cariño. Hoy, trabajo en un puesto de Dirección en una compañía de gran tamaño y tengo mi propia empresa, que, junto con mi mujer, defiendo poniéndome siempre en manos de la Virgen, a la que doy gracias por ayudarme a traer cada día un plato de comida a mi casa.

Y lo cierto, es que no creo en los milagros, ni sé si todo esto es una casualidad. Lo que sí sé, es que el Rocío fue protagonista, es y será de mi vida personal y laboral. En estos días, en los que todo es lamento y decepción, frustración y desengaño, comparto esto con todos vosotros para daros un poco de mi aliento. Confía en ella, la madre del Señor, nuestra madre y protectora.

Viva la Virgen del Rocío!